Obras del pasado, promesas del futuro

Diciembre 27, 2008

José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA.
Frecuentemente se escucha decir que quienes postulan a gobernar deben preocuparse de ofrecer alternativas de futuro antes que hacer recuerdos del pasado. Comparto esa opinión, porque la democracia se basa en el compromiso entre quienes buscan ser electos y los ciudadanos que los van a elegir. Pero ofertas de futuro las puede hacer cualquiera y de todo tipo. Por ello, y porque no están naciendo hoy, la derecha y la Concertación tienen la obligación de responder por su pasado. Lo que hicieron ayer prefigura lo que quieren o pueden hacer en el futuro. De ahí que, al hablar sobre qué nos depara 2009, mi reflexión no puede sino unir futuro y pasado.

Creo que los chilenos enfrentaremos el próximo año por lo menos dos importantes desafíos. El primero: durante los meses venideros inevitablemente nos alcanzará la crisis económica que ya está afligiendo a la mayoría de los países del mundo. Estamos, sin embargo, mejor preparados para afrontarla, porque no sólo nuestra economía es sólida, sino que tambien lo son nuestras instituciones económicas.

Antes de que la crisis estallara en EEUU, muchas voces anunciaron lo que venía, pero nadie hizo algo. ¿Por qué? Porque bancos y empresas dedicadas a la especulación estaban ganando miles de millones de dólares con ello. Para evitar ese tipo de situaciones es que existen las regulaciones; para ello es que debe existir una autoridad estatal responsable y respetable, en la que todos depositen su confianza para que vele por el bienestar colectivo. Justamente por ello, los gobiernos de la Concertación se han preocupado, en el pasado, de fortalecer los instrumentos regulatorios que nos permiten impedir que lo que ocurrió en EEUU se produzca Chile.

Es por ello también que seguiremos ofreciendo para el futuro más y mejor Estado, como una manera de orientar, proteger y regular el mercado; una opción que levantamos hoy con más fuerza aún que ayer, ante el ideologismo de la derecha chilena que se está convirtiendo en el último reducto mundial del fundamentalismo de mercado.

El próximo año, además, renovaremos a buena parte de nuestras autoridades. Es el hermoso desafío de la democracia que periódicamente nos convoca a pronunciarnos sobre nuestros gobernantes y sobre quienes pretenden reemplazarlos. Un desafío que los chilenos también enfrentaremos en inmejorables condiciones. Lo haremos luego de dieciocho años de gobiernos de la Concertación en los que Chile ha reconstruido su democracia. Casi dos décadas de prosperidad, paz social y gobernabilidad. La pobreza se ha reducido a un tercio y se han reformado el sistema penal y la seguridad social de modo de garantizar expedición en la impartición de justicia y pensiones para todos los chilenos. También se ha estructurado un plan como el Auge que les garantiza salud oportuna y de calidad.

Dieciocho años de un avance ininterrumpido que explica que el 70 % de los estudiantes universitarios sean hoy los primeros de su familia en pisar un aula y que nos permite desplazarnos dentro de nuestras ciudades y a lo largo del país mediante una red de infraestructura recién creada que supera a aquella construida durante toda la historia nacional previa.

Con más democracia, instituciones más sólidas y mejor calidad de vida ciertamente los chilenos podrán hacer frente a los desafíos que les depara 2009, como los nuevos que vendrán a futuro. Y terminar el año eligiendo a quienes, con nuestras obras del pasado, estamos demostrando lo que se puede esperar de nosotros en el futuro.

Publicado en La Tercera el 27 de diciembre de 2008.

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Hamlet y el curso de los ríos

Diciembre 15, 2008

Óscar Guillermo Garretón, empresario.

“Si la apuesta de Insulza resulta, volverán todos a admirar su capacidad para resistir ansiedades y presiones, para manejar los tiempos, para sortear dificultades, para anticipar lo que otros aún no veían. Si lo logra, Hamlet será olvidado”.

Hay cosas cuyo final conocemos mucho antes de que llegue. Por ejemplo, el final de nuestros ríos en el mar o el final de muerte contenido en cada vida. En política ocurre igual. Hay procesos profundos, como aguas desbordadas en busca de su cauce, que inevitablemente encuentran su curso lógico por más obstáculos que se les pongan. El arte de la política lúcida es, en estos casos, conocer y acatar el curso de los hechos. Cuando se opta por contradecir la corriente remando río arriba, la realidad nos devuelve algunos pocos casos exitosos que alimentan relatos e imaginarios de bares y cafés, pero, sobre todo, una abrumadora colección de fracasos e intentos fallidos más o menos dolorosos.

Fue pensando en la actualidad del PS y el PPD que llegué a estas imágenes.

Parecía que todo estaba trancado. Las dos listas para las municipales generaron pugnas y heridas. Las declaraciones agresivas de dirigentes las agrandaron y alimentaron mutuas sospechas. Las escaramuzas en torno a la elección de candidato presidencial se sucedieron semana tras semana.

¿Dónde nos encontramos ahora? Bueno, al parecer el río da señas de presionar por reencontrar su cauce. Y, ¿cuál sería ese cauce?

Las elecciones presidenciales comienzan a imponer su lógica de manera cada vez más incontrarrestable, desplazando esas estrategias y elucubraciones “post concertacionistas” y “post derrota” que se especularon en círculos de la partidocracia. Asimismo, van quedando dos candidatos presidenciales reales -Insulza y Frei- donde hasta no hace mucho cada partido tenía uno, si no dos o tres. Además, es sabido que entre ambos, más que con otros, existe una amistad y un ánimo concertacionistas (lo que no representa poco en los tiempos que corren).

Pensar levantar otro candidato distinto ya no es viable, es remar contra la corriente. Pensar que la masa ciudadana votante del PS o PPD, acostumbrada a cruzarse votos por casi 20 años, pudiera no votar por el candidato mejor posicionado de estos mundos es irreal; sólo demostraría la incomunicación entre el mundo popular y alguna dirigencia partidaria. O es Lagos, o es Insulza y no hay más. Las corrientes populares destrozan los cubileteos cuando éstos las contradicen. Puede haber negociaciones pendientes o propuestas programáticas por afinar, pero al final esta vertiente cultural de la Concertación se reencontrará, salvo que su candidato real equivoque rumbos.

Pero pareciera no ser el caso. Desde la semana pasada, Insulza se ha posicionado como futuro candidato del PS y del PPD por encima de los líos partidarios. Ha insistido majaderamente desde hace tiempo, y en actitud distinta a la directiva socialista, en la importancia que le atribuye al apoyo del PPD. Pero también ha resistido intentos de arrinconarlo con propuestas programáticas.

Y los ríos comienzan así a encontrar su cauce. El PPD se abre a Insulza, siempre que se restituya la relación privilegiada entre PS-PPD. Insulza apoya desde siempre esta postura y la directiva PS la resiste, pero también el curso natural de las cosas lleva a vencer esa resistencia fundada en el acuerdo DC-PS, forjado en las elecciones municipales: el competidor del candidato del PS será Eduardo Frei y no un PPD.

En tanto, el PR deberá hacer sus cuentas. El curso de las cosas indica que una primaria concertacionista se polarizará entre Frei e Insulza. Hay razones para que el apoyo radical a algún candidato valga más ahora que después de las primarias.

En este remar cuesta arriba y en la superación de obstáculos que interfieren el curso de las cosas, la chismografía local, absorta en la coyuntura, ha visto un indeciso Hamlet donde antes veía un aguerrido “Pánzer”. Pues bien, si la apuesta de Insulza resulta, volverán todos a admirar su capacidad para resistir ansiedades y presiones, para manejar los tiempos, para sortear dificultades, para anticipar lo que otros aún no veían. Será otra vez visto como ese timonel hábil y firme, necesario para tiempos difíciles. No es poco en los tiempos tempestuosos que vienen. Si lo logra, Hamlet será olvidado.

Publicada en La Segunda del lunes 15 de diciembre.

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Prólogo de José Miguel Insulza para el libro “Allende: visión de un militante”, de Jaime Suárez B.

Noviembre 28, 2008

Conocí a Jaime Suárez, primero, como dirigente del Partido Socialista durante los críticos años sesenta y luego como miembro del Gabinete del presidente Allende. Sin embargo no llegué a intimar con él sino hasta nuestro exilio, durante inolvidables veladas en su casa o en la mía en cualquiera de los muchos lugares a los que nos llevó nuestra diáspora de aquellos años. De esos encuentros puedo evocar su voz ronca de fumador empedernido, pero mucho más la sonrisa franca que hablaba de un hombre que no obstante las circunstancias enormes que le tocó vivir, trágicas algunas, trascendentes las más, no perdió nunca el amor por la vida e hizo del goce de existir una práctica cotidiana.

Esa imagen de Jaime Suárez ha vuelto a mi memoria al leer su interesante libro, porque pocas personas como él, que fueron actores principales de uno de los períodos más importantes y dramáticos de nuestra historia, lo hicieron al mismo tiempo con la alegría auténtica de quien no sólo se consideraba construyendo el futuro sino además disfrutando cada minuto del presente; una manera de ser que se traspasa sin filtros a cada página de su obra.

No es de extrañar, por ello, que su visión de Salvador Allende sea, por encima de todo, vigorosa y alegre. La imagen que de él nos prodiga es la de un hombre de un valor a toda prueba, capaz de enfrentar los escenarios más adversos -desde Congresos del Partido Socialista en los que estaba en absoluta minoría hasta reuniones del Senado de la República en los que sabía que su mensaje sería no sólo rechazado sino que abiertamente repudiado- para exponer su pensamiento con una transparencia que hoy sería quizá considerada ingenua, sin retoques ni concesiones de ningún tipo, con la verdad como única guía. También la de un político que sabía que los triunfos sólo se consiguen merced a la perseverancia y al tesón; que son el trabajo aplicado y no la audacia o los golpes de mano los que conducen al logro de los objetivos perseguidos. Y al mismo tiempo la imagen de un hombre que jamás renunció a su compromiso con los trabajadores, con los más pobres y los más vulnerables, pero no por ello dejó de ser “atildado” en el vestir o abandonó una “galantería muy desenfadada” de la que, según Suárez, hacía gala constantemente.

La “visión de un militante” que Jaime Suárez nos deja de Allende es, también, la de un hombre que nunca perdió la curiosidad ante lo nuevo, que nunca dejó de dialogar y de respetar la opinión de los jóvenes y que nunca dejó de entender y adaptarse a los cambios que traía consigo la evolución de la sociedad en que le tocó vivir. Esa permanente capacidad de renovación le permitió a Allende participar en divisiones y refundaciones del socialismo chileno, ser masón y socialista; ser, como nos recuerda Suárez, al mismo tiempo un “político frío, parlamentarista, partícipe y protagonista de un régimen democrático burgués” y tener la “sensibilidad y el valor moral de asumir en plenitud los objetivos anhelados entrañablemente por los revolucionarios”. Y pudo ser ese hombre multifacético, capaz de renovarse a sí mismo permanente porque, como Suárez nos muestra una y otra vez a lo largo de las páginas de su obra, nunca dudó de sus ideales. Porque nunca se apegó a las formas y siempre se preocupó de los contenidos. Porque, por encima de todo, fue un hombre consecuente.

El texto que el lector ahora tiene en sus manos también nos habla, y mucho, de su autor. No sólo porque a lo largo de sus páginas Suárez no escatima una información autobiográfica que nos habla de quien, habiendo llegado al socialismo “…como respuesta a la injusticia… o porque nos invitó un amigo o vaya a saber por qué…”, terminó por convertirlo en los cuatro puntos cardinales de su existencia, sino también porque las semblanzas y bocetos de otros políticos -socialistas o no- de los que es pletórico el texto, no sólo retratan a los retratados sino también al retratista: su generosidad en el juicio de los demás, su carencia de rencores y su buena voluntad para con todos.

Creo que ser socialista como Allende significa vivir como él. Permanentemente consecuente con los principios, pero siempre abierto a los cambios y a los tiempos. Sin dejar nunca de mirar al futuro, pero con los pies firmemente asentados en la realidad del presente. Son muchos los que viven orgullosos de ser socialistas como Allende y creo que serán muchos, también, los que después de leer este libro dirán además, y socialistas como Jaime Suárez.

José Miguel Insulza

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¿Ya ganaron la presidencial?

Noviembre 3, 2008

Antonio Cortés Terzi, sociólogo.

Según las cifras lo muestran, la derecha está lejos del quantum sociocultural y electoral de la centroizquierda e izquierda. No alcanza a ser mayoría ni agregándole todos los votos del PRI. Y que calcule bien: si pretende potenciar, para la primera vuelta, la candidatura de Adolfo Zaldívar para sustraerle votos a la DC, el PRI también accede a votantes de derecha, particularmente de la UDI. Y nada asegura que toda la votación PRI se desplace, en segunda vuelta, hacia Sebastián Piñera.

Si los resultados obtenidos por la Concertación en la elección de concejales se leen contextualizada y objetivadamente, deberían ser reconocidos, sin más, como encomiables. Y ello, simplemente, por la larga suma de factores adversos: dieciocho años de gobierno, cuyo desgaste y declinación se manifiesta a diario; el “atentado” que significó (y significa) el Transantiago contra las masas santiaguinas; una hostilidad y hostigamiento mediático contra el Gobierno de Bachelet que no tiene parangón; un elevado clima social criticista de lo que ocurre con educación, salud, delincuencia, corrupción, etc.; un Gobierno reiterativo en lo errático, que no anticipa conflictos y que los demora injustificadamente; escisiones e indisciplinamientos permanentes al seno de la Concertación; carencia casi total, en momentos, de liderazgos políticos; una baja calificación continua del cuerpo gubernamental; inflación muy por encima de los índices de los últimos años; una atmósfera económica incierta para el futuro; la anulación mutua de los liderazgos presidenciales; etc.

Estos y varios otros factores desfavorables para la Concertación habrían explicado racional y comprensiblemente una votación varios puntos por bajo de la que obtuvo.

Que ello no ocurriera no fue efecto, al menos en lo esencial, de una acción política rigurosa y organizada; de una elaboración estratégica, discursiva, operativa, preparada y conducida por uno o más estados mayores de los partidos o de la coalición gobernante. Los logros no se alcanzaron a través de una “guerra convencional”, sino por una guerra irregular, ergo, popular.

La clave del asunto estriba en que existe en Chile un porcentaje extraordinariamente sólido de ciudadanía que, por sociocultura propia y espontánea, adscribe genéricamente a los mundos que componen la centroizquierda política y que, además, se saben y se sienten escindidos de las socioculturas de derecha. Estos últimos resultados electorales (en concejales) para la Concertación reflejan tal fenómeno. En otras palabras, constituyen (puntos más, puntos menos) algo así como el “piso duro” de la centroizquierda.

Pero vayan de inmediato dos aclaraciones. La primera: que esas fuerzas sean el “piso duro” de la “centroizquierda” no significa ineluctablemente que sean el “piso duro” de la Concertación. En momentos o en circunstancias determinadas, el sujeto-masa de centroizquierda percibe a la Concertación, a determinados liderazgos, a algún grupo de poder interno, etc., como distante de esa condición. Por eso es que puede haber emigración de electorado desde la Concertación hacia otras candidaturas o hacia la abstención sin que ello implique que el sujeto migrante abandone su autoidentificación con la centroizquierda.

La segunda aclaración tiene que ver con lo ocurrido en la votación de alcaldes y que pareciera negar la hipótesis sobre una mayoría centroizquierdista en el país. Se sabe, y mucho se ha dicho al respecto, que la elección de alcaldes presenta peculiaridades que la hacen poco comparable a otro tipo de elecciones. De estas peculiaridades importa destacar aquella que indica que, en general, entre la posición política del alcalde y la del universo electoral que lo elige puede haber diferencias abismales, simplemente porque el sujeto-masa normalmente no incorpora al alcalde a la cualidad de “político” o subordina esa cualidad a otro tipo de valoraciones. Véase un ejemplo emblemático: Lavín, el año 2000, fue elegido alcalde de Santiago con el 60,99%. El 2005, en la presidencial y en Santiago, obtuvo 26,00%. En esa misma elección y comuna, Piñera alcanzó el 23,16%. Sumadas amabas votaciones da 49,16%. ¿Qué pasó con el 60,99%?

De estos datos se pueden extraer un par de conclusiones proyectivas para la competencia presidencial.

En primer lugar, efectivamente la derecha llegará a ese evento con, al menos, dos ventajas que no tuvo en los anteriores: un desgaste y declinación más evidente y profunda de la Concertación y un número de alcaldes muy superior al que contó en la última elección y que, además, cubren a una mayoría de la población.

En segundo lugar, la derecha, probablemente, también tendrá a su favor la presencia de una candidatura de “centro”, la de Adolfo Zaldívar, que no sólo apuntará directamente a fracciones del electorado DC, sino que, a la par, jugará el triste papel del “tránsfuga”: “delatar” y denostar a su otrora club de pertenencia.

Pero, por supuesto, estas ventajas son relativas y potenciales. Por ejemplo, en 1997 el FMLN salvadoreño sorprendió en la elecciones municipales pasando de 11 a 60 alcaldías, incluida la de la capital. La mayoría de la ciudadanía del país quedó bajo el poder local del FMLN. Parecía una plataforma ideal para las elecciones presidenciales de 1999. Pero el FMLN no ganó la presidencia.

Por otra parte, como ya se dijo y como las cifras lo muestran, la derecha está lejos del quantum sociocultural y electoral de la centroizquierda e izquierda. No alcanza a ser mayoría ni agregándole todos los votos del PRI. Y que calcule bien: si pretende potenciar, para la primera vuelta, la candidatura de Adolfo Zaldívar tras el afán de sustraerle votos a la DC, debe cuidar que no se le pase la mano: el PRI también accede a votantes de derecha, particularmente de la UDI. Y nada asegura que toda la votación PRI se desplace, en segunda vuelta, hacia Sebastián Piñera.

En definitiva, la reciente experiencia electoral reiteró que sociocultural y electoralmente la primera opción de gobierno la sigue teniendo la centroizquierda, a pesar de las elites concertacionistas.

Columna publicada en La Nación Domingo el 2 de noviembre.

 

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El mar picado exige un nuevo capitán.

Octubre 20, 2008

Antonio Gil. Escritor. Tratar de aplicar los mismos remedios a enfermedades nuevas es un anacronismo facilista y de mal pronóstico. Una figura probada bajo fuego, como José Miguel Insulza, representa hoy, a mi módico entender, la única carta fuerte para hacer frente a la funesta amenaza de traspasarle el Estado de Chile a una derecha inescrupulosa y mercantil.

Nadie olvida que fue un 11 de marzo de 2000 cuando Ricardo Lagos se convirtió en nuestro Presidente de la República número 46. Y que, a sólo dos días de asumir el mando de la nación, y tras treinta años de puertas cerradas a machote, el mismo Lagos Escobar abrió la Casa de Toesca al paseante común, junto con llamar directamente a los chilenos a que asuman activamente el protagonismo de su propia historia y destino.

Y que fue la firma de los tratados de libre comercio con la Unión Europea, Estados Unidos y Corea, el sello de esos tiempos en materia de comercio internacional e integración al mundo. Fue su mandato un período signado por los avances viales.

La tristemente descalabrada reforma educacional, la modernización de los procesos judiciales, y el nunca bien comprendido Plan Auge, de gran repercusión en las prestaciones de salud de la población, y que hoy todos agradecemos.

Fue con él que se creó el plan “Comuna Segura, Compromiso 100″, y el Plan Cuadrante. Cómo olvidar que, en el campo de la cultura, Lagos promulgó las nuevas leyes de Calificación Cinematográfica, liberando así a las audiencias de una medieval e inadmisible censura, y tampoco olvidamos, con gratitud, que su régimen fue el que creó el Consejo Nacional de las Artes y de la Cultura, que tanto provecho ha traído.

Fue bajo su mandato que se inicia la democratización de internet que hoy gozamos, al tiempo que se instituye el gobierno electrónico, gracias al cual los servicios del gobierno central comenzaron a contar con portales de internet, lo que permite hoy una fácil interacción de la ciudadanía con ellos.

Tampoco olvidamos sus genuinos esfuerzos por lograr un Chile más justo y equitativo, pese a que las cifras demuestran la derrota total de su loable cometido. La obra de Lagos no cae en el olvido, como no olvidamos los chilenos, con gratitud, que en 1853 se creó el sistema de correos. Se empezaron a usar estampillas, de acuerdo con cuán lejos fuera el destino de la carta.

Con los nuevos caminos, la red de correos se amplió durante el Gobierno de José Joaquín Pérez y se introdujo, en esos años, un gran avance: el telégrafo eléctrico.

Tampoco echamos en saco roto que con el Presidente Manuel Montt se tendieron líneas desde Santiago hasta Valparaíso (1852) y Talca (1856). Y que, con Pérez, esta línea se extendiera por el sur hasta Nacimiento.

Se trata simplemente del progreso, inherente a la condición de gobernar un país como corresponde. Y no por eso traeríamos de la ultratumba a Pérez, o a Montt, que lo suyo hizo, para volver a terciarle la banda presidencial. Cada cosa tiene su tiempo y su lugar. Grande fue Ricardo Lagos, Chile agradece sus desvelos y progresos, pero su tiempo ya fue.

Como lo fue el de Frei Ruiz-Tagle, otro interesante estadista de la transición, que cumplió con los desafíos de su tiempo con celo ejemplar.

Tratar de aplicar los mismos remedios a enfermedades nuevas es un anacronismo facilista y de mal pronóstico. Una figura probada bajo fuego, como José Miguel Insulza, representa hoy, a mi módico entender, la única carta fuerte para hacer frente a la funesta amenaza de traspasarle el Estado de Chile a una derecha inescrupulosa y mercantil, que nos transformaría, definitivamente, en un supermercado de ofertas para los intereses transnacionales. Insulza sabe, Insulza tiene fuerza. Y, por fortuna, el hombre está abiertamente disponible para capitanear a Chile en estos días de borrasca.

Antonio Gil, escritor. Columna publicada en La Nación Domingo el 19 de octubre de 2008

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El desafío intelectual de la construcción del nuevo programa de la Concertación

Octubre 7, 2008

Eugenio Rivera, Economista.

Eugenio Rivera, Economista.

En los ochenta las fuerzas de izquierda y de centro tuvimos que hacer una revisión a fondo de lo que pensábamos, dar cuenta de los cambios que había introducido la dictadura y de los transformaciones del concierto internacional de naciones, para hacer una propuesta que alimentara el sueño democrático y de derrota a la pobreza en 1990. Desde entonces la capacidad de propuesta para la próxima definición presidencial no había vuelto a ser tan crucial como ahora.

Hoy la situación política y económica que enfrentamos una situación es muy compleja y paradójica, ya que nuestros éxitos y también nuestros problemas han marcado el final de un ciclo.

Hemos sido nosotros, la Concertación que, junto con Chile, hemos cambiado el país. La sociedad que ha surgido es más rica y más compleja, y la conectividad con el mundo es más densa. Los chilenos hemos cambiado en dirección a la diversidad en los más variados ámbitos. No sólo queremos mejores condiciones de vida, queremos también más protagonismo. La lucha contra la pobreza se agota si no se transforma en lucha contra la desigualdad. La democracia representativa se descompone si no se perfecciona creando las condiciones para incluir efectivamente a todos los ciudadanos. También se descompone si la generación de las políticas públicas no comprende mecanismos de participación. Nuestra inserción internacional exitosa será creciente y rápidamente neutralizada si no la reinventamos con base en la aplicación del conocimiento al desarrollo de la competitividad. Nuestra institucionalidad se transforma en un obstáculo si no se recrea, para enfrentar la complejidad, el riesgo y la incertidumbre. En este contexto nuestros instrumentos han comenzado ya a evidenciar una fatiga.

En suma, hay una ingente tarea de reinvención. Ahí radica el desafío intelectual que enfrentamos. [Leer más]

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Normandía y Stalingrado

Septiembre 20, 2008

Sergio Molina, Director Sudamérica XXI

Sergio Molina, Director Sudamérica XXI

Cuando se trata de la vida y la muerte, de la viabilidad de un país o su bancarrota uno no debería ser frívolo. En relación a Bolivia, como decía Vallejo: “quiero escribir y me sale espuma / quiero decir muchísimo y me atollo”.

Es que la semana pasada fue una de las más trágicas de las que se tenga memoria (no por el número de muertos, que los hubo y muchos a lo largo de la historia contemporánea, sino porque ésta fue la primera vez en que se enfrentaron civiles contra civiles).

Por ello, el balance que se haga de la Cumbre de UNASUR o de la actuación de la OEA debería comenzar por dimensionar la magnitud de lo que estaba en juego: sin duda la posibilidad de una ruptura del orden democrático, pero también de una lucha sangrienta y fratricida que todos, absolutamente todos los latinoamericanos padeceríamos.

En ese contexto la Cumbre fue un éxito indiscutible para la democracia y el gobierno boliviano: Evo Morales hoy se siente respaldado por el 67 por ciento de la población, pero también por todos y cada uno de los países de la región, y eso es tener tanto poder como el que se desee.

Es también un éxito para Chile. Bachelet estuvo a la altura de sus responsabilidades como líder: convocó a la Cumbre, la condujo a buen puerto y fijo una agenda para el futuro.

Dicho esto, también hay que entender al Presidente Lula y sus reticencias a convocarla. La complejidad de lo que ocurre -que no puede ser reducido solamente a un intento de golpe de Estado y menos a una conspiración del imperio como irresponsablemente sugiere Hugo Chávez-, probablemente hizo reflexionar al brasileño haciéndolo concluir que entre tanta personalidad compleja las cosas podían salirse de madre, o que la Cumbre era pan para hoy y hambre para mañana. [Leer más]

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Acercándonos al Bicentenario desde las regiones

Septiembre 20, 2008

Alejandro Corvalán, Economista

En los próximos días celebraremos otro Aniversario Patrio que nos acerca al Bicentenario, un hito relevante para nuestra historia republicana. Hace dos años y medio, en una entrevista fallida, enunciaba la posibilidad cierta de que nuestra región pudiese ser al 2010 la segunda región económica de Chile y los supuestos explícitos de dicha proyección. Desafortunadamente, esa meta anhelada se ha alejado para la próxima década. Al respecto, en el marco del controvertido debate sobre el transporte público en Santiago, el tema de las regiones ha salido y es importante colocar en el debate miradas que no estén supeditado sólo a intereses coyunturales.

En primer lugar, una afirmación central en relación a los desafíos de alcanzar el desarrollo para un país como Chile requiere de un esfuerzo mucho más prolongado en el tiempo. En consecuencia, los desafíos regionales y territoriales en un horizonte de tiempo relativamente acotado deben contemplar, a lo menos, un enfoque integral del desarrollo regional/territorial; un replanteamiento de la institucionalidad vigente; la necesidad de modificar el actual funcionamiento del Fondo Nacional Desarrollo Regional que implique una dedicación exclusiva al desarrollo regional y, por tanto, convertirse en un recurso de las administraciones territoriales para financiar sus propias actuaciones y centrarse esencialmente en las regiones menos favorecidas. Es importante mencionar que, pese al consenso que existe en torno al tema de la descentralización, éste se ha focalizado en una discusión de tipo institucional más que en abarcar los temas realmente estratégicos, como son el desarrollo económico y las disparidades regionales. [Leer más]

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¿Cuál es la propuesta país de Sebastián Piñera?

Septiembre 20, 2008

Eugenio Rivera Urrutia - Director área de Regulación de Chile21

Eugenio Rivera Urrutia - Director área de Regulación de Chile21

El candidato mejor posicionado de la derecha lleva casi 4 años de candidato. No obstante, fuera de largas listas de gente que presuntamente trabajan con él y sobre todo de una serie de proyectos y medidas que propone sobre los temas más variados, es difícil identificar en su discurso una visión de país que estructure y articule su largo rosario de proposiciones puntuales.

Con el objeto, entre otros, de contrastar esta percepción, asistí el lunes primero de septiembre, al Seminario de Proyectamérica sobre modernización del Estado, donde Sebastián Piñera, tenía la oportunidad de presentar su visión global sobre este tema tan crucial. Luego de repetir las críticas habituales, presentó los principios del Estado que quiere. Como principios eran muy generales, y naturalmente, fáciles de compartir. Lo que yo y probablemente el resto de la audiencia esperaba, era que tradujera dichos principios en una visión global sobre el Estado que quiere para Chile. Lamentablemente, no fue el caso, de inmediato pasó a enumerar una larga lista de medidas, muchas de las cuales, el gobierno ya las ha puesto en marcha, pero que desconectadas unas de otras no representan solución alguna, para los desafíos que enfrenta el país. Pareciera que el problema de fondo radica en que se sigue mirando el país con la visión de los setentas y ochenta, sin darse cuenta que dichos enfoques han sido superados por lo que le resulta difícil, incluso, realizar un diagnóstico de los problemas que hoy, afectan al país. Naturalmente, sin ese diagnóstico no es posible articular una propuesta global para Chile. [Leer más]

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La no política energética y el ministerio

Septiembre 20, 2008

Eugenio Rivera, Director Área de Regulación - Chile 21

Eugenio Rivera, Director Área de Regulación - Chile 21

Se encuentra en discusión en la Cámara el proyecto de ley que crea el Ministerio de Energía. Se trata, sin duda, de un primer paso de importancia. Los principales países del mundo tratan el tema como prioridad. El crecimiento acelerado de los precios del petróleo genera discusiones radicales. Suecia ha declarado su intención de ser el primer país en desligarse por completo del petróleo hacia el 2020. Portugal generará energía eólica equivalente al 25% de toda la energía de esa fuente producida en la Unión Europea mientras construye, además, el primer parque de olas con viabilidad comercial y expande el uso de la energía solar. Muchos países empiezan a repensar los modos de transporte para minimizar el uso de los derivados del petróleo.

Estos temas no aparecen con suficiente nitidez en el debate nacional.
En el sector energético, el problema de fondo es que se ha aplicado el lema “la mejor política es no tener política”, dejando que los privados y el mercado resuelvan el asunto. La extrema vulnerabilidad que enfrentamos en el suministro eléctrico, los problemas de abastecimiento de gas natural y el gran impacto que está sufriendo la economía por el aumento de precios del petróleo, derivan de la insuficiencia del modelo de política energética desarrollado hasta la actualidad. El problema tenderá a agudizarse, por lo que debemos tomar decisiones respecto de la matriz energética futura, entre las cuales aparece con fuerza la alternativa nuclear. ¿Puede ser ésta una decisión librada al mercado? El proyecto de creación del ministerio no plantea suficientemente la necesidad de una política pública ni las dimensiones de la tarea en este campo. [Leer más]

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