¿Ya ganaron la presidencial?
Noviembre 3, 2008 · Imprimir este artículo
Antonio Cortés Terzi, sociólogo.
Según las cifras lo muestran, la derecha está lejos del quantum sociocultural y electoral de la centroizquierda e izquierda. No alcanza a ser mayoría ni agregándole todos los votos del PRI. Y que calcule bien: si pretende potenciar, para la primera vuelta, la candidatura de Adolfo Zaldívar para sustraerle votos a la DC, el PRI también accede a votantes de derecha, particularmente de la UDI. Y nada asegura que toda la votación PRI se desplace, en segunda vuelta, hacia Sebastián Piñera.
Si los resultados obtenidos por la Concertación en la elección de concejales se leen contextualizada y objetivadamente, deberían ser reconocidos, sin más, como encomiables. Y ello, simplemente, por la larga suma de factores adversos: dieciocho años de gobierno, cuyo desgaste y declinación se manifiesta a diario; el “atentado” que significó (y significa) el Transantiago contra las masas santiaguinas; una hostilidad y hostigamiento mediático contra el Gobierno de Bachelet que no tiene parangón; un elevado clima social criticista de lo que ocurre con educación, salud, delincuencia, corrupción, etc.; un Gobierno reiterativo en lo errático, que no anticipa conflictos y que los demora injustificadamente; escisiones e indisciplinamientos permanentes al seno de la Concertación; carencia casi total, en momentos, de liderazgos políticos; una baja calificación continua del cuerpo gubernamental; inflación muy por encima de los índices de los últimos años; una atmósfera económica incierta para el futuro; la anulación mutua de los liderazgos presidenciales; etc.
Estos y varios otros factores desfavorables para la Concertación habrían explicado racional y comprensiblemente una votación varios puntos por bajo de la que obtuvo.
Que ello no ocurriera no fue efecto, al menos en lo esencial, de una acción política rigurosa y organizada; de una elaboración estratégica, discursiva, operativa, preparada y conducida por uno o más estados mayores de los partidos o de la coalición gobernante. Los logros no se alcanzaron a través de una “guerra convencional”, sino por una guerra irregular, ergo, popular.
La clave del asunto estriba en que existe en Chile un porcentaje extraordinariamente sólido de ciudadanía que, por sociocultura propia y espontánea, adscribe genéricamente a los mundos que componen la centroizquierda política y que, además, se saben y se sienten escindidos de las socioculturas de derecha. Estos últimos resultados electorales (en concejales) para la Concertación reflejan tal fenómeno. En otras palabras, constituyen (puntos más, puntos menos) algo así como el “piso duro” de la centroizquierda.
Pero vayan de inmediato dos aclaraciones. La primera: que esas fuerzas sean el “piso duro” de la “centroizquierda” no significa ineluctablemente que sean el “piso duro” de la Concertación. En momentos o en circunstancias determinadas, el sujeto-masa de centroizquierda percibe a la Concertación, a determinados liderazgos, a algún grupo de poder interno, etc., como distante de esa condición. Por eso es que puede haber emigración de electorado desde la Concertación hacia otras candidaturas o hacia la abstención sin que ello implique que el sujeto migrante abandone su autoidentificación con la centroizquierda.
La segunda aclaración tiene que ver con lo ocurrido en la votación de alcaldes y que pareciera negar la hipótesis sobre una mayoría centroizquierdista en el país. Se sabe, y mucho se ha dicho al respecto, que la elección de alcaldes presenta peculiaridades que la hacen poco comparable a otro tipo de elecciones. De estas peculiaridades importa destacar aquella que indica que, en general, entre la posición política del alcalde y la del universo electoral que lo elige puede haber diferencias abismales, simplemente porque el sujeto-masa normalmente no incorpora al alcalde a la cualidad de “político” o subordina esa cualidad a otro tipo de valoraciones. Véase un ejemplo emblemático: Lavín, el año 2000, fue elegido alcalde de Santiago con el 60,99%. El 2005, en la presidencial y en Santiago, obtuvo 26,00%. En esa misma elección y comuna, Piñera alcanzó el 23,16%. Sumadas amabas votaciones da 49,16%. ¿Qué pasó con el 60,99%?
De estos datos se pueden extraer un par de conclusiones proyectivas para la competencia presidencial.
En primer lugar, efectivamente la derecha llegará a ese evento con, al menos, dos ventajas que no tuvo en los anteriores: un desgaste y declinación más evidente y profunda de la Concertación y un número de alcaldes muy superior al que contó en la última elección y que, además, cubren a una mayoría de la población.
En segundo lugar, la derecha, probablemente, también tendrá a su favor la presencia de una candidatura de “centro”, la de Adolfo Zaldívar, que no sólo apuntará directamente a fracciones del electorado DC, sino que, a la par, jugará el triste papel del “tránsfuga”: “delatar” y denostar a su otrora club de pertenencia.
Pero, por supuesto, estas ventajas son relativas y potenciales. Por ejemplo, en 1997 el FMLN salvadoreño sorprendió en la elecciones municipales pasando de 11 a 60 alcaldías, incluida la de la capital. La mayoría de la ciudadanía del país quedó bajo el poder local del FMLN. Parecía una plataforma ideal para las elecciones presidenciales de 1999. Pero el FMLN no ganó la presidencia.
Por otra parte, como ya se dijo y como las cifras lo muestran, la derecha está lejos del quantum sociocultural y electoral de la centroizquierda e izquierda. No alcanza a ser mayoría ni agregándole todos los votos del PRI. Y que calcule bien: si pretende potenciar, para la primera vuelta, la candidatura de Adolfo Zaldívar tras el afán de sustraerle votos a la DC, debe cuidar que no se le pase la mano: el PRI también accede a votantes de derecha, particularmente de la UDI. Y nada asegura que toda la votación PRI se desplace, en segunda vuelta, hacia Sebastián Piñera.
En definitiva, la reciente experiencia electoral reiteró que sociocultural y electoralmente la primera opción de gobierno la sigue teniendo la centroizquierda, a pesar de las elites concertacionistas.
Columna publicada en La Nación Domingo el 2 de noviembre.



















Me parece estupendo, estabamos esperando su candidatura, llamo a todo nuestro pías a unirse a esta candidatura y a no permitir que un Ambicioso, ABARO , como Piñera llague a gobernar nuestro país, preguntense todos ¿ que sería de nosotros los trabajadores con ese Despota como Presidente?
Bueno quiten la spalabras que no parescan tan agresivas